De Alicante al paraiso en 8 días

A las 10:00h de la mañana del sábado ya estábamos Roberto y yo en la estación de trenes de Sants en Barcelona dispuestos a tomar el Euromed que nos iba a llevar hasta Alicante. Allí nos debíamos encontrar con Jorge,  el patrón que nos recojió y acompañó hasta el amarre del Pepolo, un velero oceánico que Nautic Ocean acaba de incorporar a su flota. Esta primera Travesía Alicante – Lanzarote nos iba a servir para testar a este velero que tiene previsto empezar su temporada en Lanzarote, ofreciendo travesías y rutas desde allí.

El resto de la tripulación estaba ya a bordo, hasta completar un total de cinco personas. En Sotogrande, inicio de la segunda etapa, se nos unirían dos tripulantes más.

El día había sido bastante soleado, algo bastante habitual en Alicante, ciudad que goza de unas excelente clima y temperatura suave durante todo el año. Una deliciosa paella alicantina en un restaurante próximo al varadero servía para que nos conocieramos todos y comentaramos las primeras impresiones ante el viaje que estabamos a punto de iniciar.

Finalmente, y con una brillante luna creciente sobre el tope de palo del Pepolo, soltamos amarras a eso de las 19:00h. con todos los pertrechos y la comida y bebida perfectamente estibada, con varios cientos de millas por delante.

La primera noche a bordo transcurrió sin demasiadas incidencias, y poco tráfico marítimo, lo que permitió ir tomando el pulso lentamente y acomodando la vida a bordo. Las guardias se sucedían en turnos de tres horas y el viento en torno a 15 nudos del SE permitía avanzar con largos y cómodos bordos a vela, sin la siempre molesta ayuda del motor, y con la ayuda de un yankee, una trinqueta y una generosa vela mayor izada al cien por cien.

El primer amanecer en una travesía siempre es un acontecimiento importante para mí. Después de una salida prácticamente nocturna, es cuando puedes empezar a descubrir tu pequeño mundo. La vida se reduce a un mínimo espacio entre manparos, cuadernas, y baos. Las sensaciones se intensifican a la rueda cuando el velero navega a vela, y sobre todo cuando empiezas a reconocer toda la maniobra para todas las configuraciones de ángulo de viento e intensidad que vayan a producirse. El velero Pepolo es una embarcación ideal para este tipo de travesías y esto ya lo empezábamos a comprobar: un casco clásico y robusto, una bañera central que ofrece una gran protección, además de una cubierta limpieza, despejada y diáfana que le confiere un estilismo majestuoso, como aquellos grandes barcos oceánicos de antaño. La manga es imponente, sobre todo en su través. Si bajamos a cabina, apreciamos inmediatamente las maderas nobles que jalonan todos los espacios. Nada está hecho al azar, y cualquier cerramiento y acabado es fuerte y robusto.

Así empezamos nuestra singladura, devorando alegremente las primeras millas y doblando Cabo de Palos a media mañana. El domingo por la noche decidimos hacer una recalada en Garrucha. Alguien había comentado la fama de sus exquisitas gambas y salazones, y eso sirvió para estar todos de acuerdo en poner los dos pies en tierra, tan sólo por comprobar si esa fama era merecida…

Debemos agradecer que llegando a las once de la noche el Restaurante Escánez nos permitiera cenar, siendo nosotros los únicos comensales del mismo. La amabilidad del personal con su exquisito trato, y la calidad de sus pescados hizo el resto para empezar a pensar si no sería conveniente quedarnos algún día más por la zona… La cordura se impuso, y después de una gradable noche en puerto, el domingo por la mañana pusimos el Pepolo de nuevo en marcha para seguir ganando Sur. Próxima etapa: Sotogrande.

Y así fue, de bordo en bordo, y con el viento de proa para no perder la costumbre de este mediterráneo nuestro, seguimos avanzando. Las noticias sobre los fuertes temporales del mediterráneo  y Baleares no tardaron en llegar. Llevábamos la borrasca en nuestra popa y no podíamos demorarnos. Si todo se cumplia según nuesrtas previsiones, a la altura de Málaga ya bajaría el viento de proa que nos impedía navegar más rápidos. A esa misma hora, en Alicante ya había formado un fuerte temporal de viento y mar.

Finalmente, el martes llegamos al Puerto de Sotogrande sobre el mediodía. Todo bajo control y a pesar del incómodo viento de proa, la vida a bordo era sencilla. Nada más llegar, Roberto, encargado de restaurantes, comidas e intendencia,  volvió a encontrar el mejor lugar para albergar a unos marinos deseosos de probar las especialidades locales. El Bokana es el lugar donde se suelen dar cita la mayoría de navegantes que jalonan esta preciosa Marina: pescados, mariscos y arroces conviven con las típicas tapas andaluzas y con esa manera tan precisa de freir el pescado de la zona. Después del prolijo almuerzo, y una visita rápida a un supermercado local para acabar de abastecer nuestra despensa, algunos aprovechamos para descansar y leer, y otros para dar una vuelta por la zona, que se caracteriza por ser una urbanización de clase alta donde conviven personas de diferentes nacionalidades. La zona tiene un famoso campo de golf próximo y numerosos servicios, además de estar situada en un lugar estratégico de la costa anadaluza, a caballo de la Costa del Sol y el campo de Gibraltar, con el continente africano a escasas millas, y sobre todo con una meteorología bonancible.

La cena no podía deparar menos, y Roberto reservó mesa en un restaurante a su imagen y semejanza: La Quinta, un asador argentino que tenenos que valorar con una nota muy alta por su servicio y por la calidad de su parrilla. Cuando ya estábamos acabando nuestros postres con deleite y esmero, se unieron Jorge y Agustín, quienes nos iban a acompañar en esta segunda etapa hasta Lanzarote.

Otra noche al abrigo de las olas, de balanceos y cabezadas que nos permitó renovar fuerzas para emprender la etapa más larga de esta singladura de unas 600 millas y de cuatro días de duración.

Siempre digo que cruzar el Estrecho de Gibraltar es toda una experiencia, y que nunca es igual. Y así fué, ya que esta vez no hicimos caso a aquella frase que ya me había dicho un pescador en mi primer cruce: «tenerlo todo a favor es muy dificil, pero no lo tengas todo en contra». A saber: viento, corriente y mareas son variables que cualquier marino debe valorar en esta, una de las zonas de mayor tráfico marítimo del mundo. Confiando en el Pepolo zarpamos sobre las 06:45h para encontrarnos con el estrecho a cuarenta millas y con un fuerte viento de poniente, y corriente en contra. Después de un rápido repostaje en Gibraltar, por aquello del ahorro del precio del litro de combustible, decidimos hacer un primer bordo y cruzar el dispositivo de separación de tráfico rápidamente. Tal como dicta el R.I.P.A., y para que mis alumnos de la Escuela tomen buena nota,  lo hicimos lo más perpendiculares posible, y siempre muy atentos a la pantalla del Plotter detectando los TCPA y CPA de los AIS de las otras embarcaciones. Una pareja de ballenas nos alegró este primer bordo con un resoplar que pudimos ver y sentir desde muy cerca de nuestra cubierta. Situados ya en la costa del continente africano, seguimos realizando bordos pero siempre con cuidado en no rebasar el dispositivo. Así, de esta guisa, doblamos Cabo Espartel para arrumbar directamente a Lanzarote con rumbo SW, sin haber ganado demasiado poniente. El viento se nos abrió unos grados, lo que nos permitió avanzar a una velocidad en torno a los 10-11 nudos a un descuartelar. Ya empezábamos a hacer cálculos de llegada, y sí todo iba como esperábamos, el viento debía rolar a NE, por lo que ya se habían acabado los vientos de proa.

Uno siempre tenía la sensación que este velero es capaz de aguantar todo tipo de circunstancias. Cuando el viento arreciaba con algunas fuertes rachas el Pepolo te avisaba pero de una manera muy natural, sin grandes escoras, y aguantando el tipo en todo momento.

El jueves hacia el mediodía llegó la rolada esperada según nuestro pronóstico a NE,  y con ello modificamos nuestro rumbo a poniente para seguir navegando a buen ritmo por la aleta. Ya no hacíamos rumbo directo, pero la velocidad era siempre buena y sobretodo, sin ayuda del motor, lo cual siempre es de agradecer. Quiero apuntar, la exactitud del análisis meteorológico. Soy bastante «fan» de la página de AEMET, pero sobre todo de la extensión de METEONAV, que permite realizar «routing» con día y hora de salida y día y hora de llegada de un punto a otro, calculando con exactitud y cada hora las variables de intensidad de viento, componente, y altura de las olas con mar de viento y mar de fondo. Dado que no disponíamos de cobertura ni comunicación satelital durante este tramo, convenimos en guardar en Pdf esa última previsiónjusto antes de zarpar,  e ir revisándola a bordo durante la singladura.

Pues así transcurrieron los días, con una vida a bordo cómoda, a excepción de algunos momentos más movidos de repuntes en la altura del mar, disfrutando de la navegación a vela, y unas noches preciosas plagadas de estrellas. En esta singladura pudimos ver bastantes delfines, peces luna, y algunos barcos de pescadores marroquis a 40 millas de la costa con embarcaciones de madera, realmente pequeñas y sin nada más a bordo que sus artes. La zona frente a las costas de Agadir es una de las más ricas para la pesca de cefalópodos como pulpos, calamares, y sepias, por lo que representa una fuente importante de ingresos para los habitamntes de esta zona. Tabién pasamos por el famoso Banco de la Concepción, uno de los mejores lugares para los barcos de pesca de altura y lugar de paso de grandes especies pelágicas como ballenas, tiburones, etc.

Finalmente, el domingo sobre el mediodía llegamos a Marina Lanzarote en Arrecife recibidos de un precioso día soleado, con una temperatura en torno a los 22 grados, y como no, con un viento alisio de unos 20 nudos que nos había acompañado durante prácticamente toda la singladura para traernos a este paraiso llamado Lanzarote.

Esperando en la sala del aeropuerto para poder embarcar en mi avión de regreso a Barcelona, reflexionaba sobre lo curioso que resulta hoy en día explicar que has tardado 8 días en un viaje que ahora vas a poder hacer en tan sólo 3 horas…y es que esto de navegar siempre ha sido muy sacrificado, importando mucho más el cómo que el cuando, o el ciento volando que diría Sabina…

 

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